COMO FARSA Y TRAGEDIA: CORRUPCIÓN Y PARTIDOS POLÍTICOS EN EL PERÚ

Augusto Lostaunau Moscol *

“La alta percepción de corrupción, así como la innegable existencia de prácticas corruptas, en los partidos políticos denotan un grave problema relacionado a la institucionalidad de la democracia en nuestros días”.
Erika Solís Curi

Poco a poco el 2017 nos empieza a dejar. Como es de costumbre, la última semana del año, los medios
televisivos harán una suerte de recuento de las “principales noticias del Perú y el mundo”. Ese recuento estará lleno de recuerdos por la clasificación de la selección de futbol a un mundial casi cuatro décadas después. Pero, también se recordará la orden de captura contra el ex presidente Alejandro Toledo o la orden de prisión preventiva contra el ex presidente Ollanta Humala y su esposa. Otro tema será las declaraciones de Marcelo Odebrecht reconociendo que financió la campaña de Keiko Fujimori, aclarando que AG es Alan García o el financiamiento de la campaña por el NO a la revocatoria contra Susana Villarán. Es decir, entre las noticias de fin de año siempre estará presente la relación entre Corrupción y Partidos Políticos. Una relación que es tan antigua como nuestra república que está pronto por cumplir su bicentenario.

Esta crisis que sufren los Partidos políticos por la presencia de corrupción al interior de sus instituciones, afecta directamente a la democracia ya que, como sostiene Erika Solís Curi:

“Recordemos que un Estado Democrático de Derecho es un sistema político que no favorece a la corrupción y lucha contra ella. Pues una democracia representativa tiene como base a sus partidos políticos y si ellas no gozan de legitimidad se presentarán, (cada vez con mayor frecuencia) prácticas clientelistas o caudillistas. Al respecto, la época electoral y pre-electoral son periodos claves para comenzar a detectar los posibles actos clientelistas, los cuales suelen generar prácticas corruptas y corrosivas a nuestra democracia”.

Y, los partidos políticos no saldrán de la presente crisis y descrédito popular con una simple ley donde se imponen sobre cualquier tipo de organización política no partidaria. Por más que traten de incorporar en sus filas a los movimientos vecinales distritales y provinciales, siempre serán percibidos como altamente corruptos mientras no expulsen de sus filas a todos aquellos que resulten responsables de hechos de corrupción.

Jorge Daly y Óscar Navas proponen un enfoque desde la economía política para entender el problema de la corrupción en el Perú. Sostienen que:

“El enfoque de economía política de la corrupción es útil porque resalta la importancia de la complejidad del problema. El juez que negocia honorarios escondidos con una de las partes a fin de inclinar el fallo a su favor, el político que acepta de empresas privadas aportes para su campaña a cambio de dictaminar leyes y regulaciones que las benefician, o grandes empresas privadas que están coludidas con altos funcionarios del sector público a fin de captar abusivamente rentas indebidas, son todos ejemplos de corrupción, pequeña y grande, que surgen de la interacción activa entre agentes públicos y privados. En este contexto, es casi imposible discernir con razonable precisión en qué parte se origina la corruptela, si es desde la demanda, desde la oferta, o si es producto de la interacción dinámica y espontánea de las dos. En sociedades históricamente permeadas por altos niveles de corrupción, es muy posible que tal interacción la explique mejor. Todo intento de aportar soluciones que remedien el problema pero que ignoran esta realidad está condenado a tener un alcance limitado y un impacto insignificante”.

Y, recordemos que, el próximo 2018 los peruanos otra vez estaremos en una coyuntura electoral muy importante. En octubre se realizarán las elecciones regionales, provinciales y distritales. A la mitad de un gobierno que ha demostrado cero capacidades para enfrentar los problemas del país, tendremos que votar por partidos políticos, olvidando que las elecciones distritales fueron siempre elecciones vecinales. Estaremos obligados a elegir entre partidos que cuentan con un historial de corrupción.

Aldo Panfichi y Mariana Alvarado sostienen que:

“Los tipos de corrupción que existen expresan lo extendidas y diversas que son sus prácticas. Utilizando una tipología que destaca los efectos negativos de la corrupción sobre el funcionamiento de la democracia, se puede encontrar actos de corrupción en las distintas arenas de la política: en los procesos de entrada o insumos de la democracia, tomada en un sentido procedimental (elecciones); en los procesos de conversión de esos aportes (la voluntad popular) en leyes y políticas públicas; y en los procesos de salida o productos que tienen que ver con la aplicación de reglas y la implementación de políticas públicas en los ámbitos administrativos, regulatorios y judiciales”.

Y nada detiene a que los corruptos puedan participar en forma activa en nuestra política. Y nada impide que los corruptos puedan regresar al poder político. Las elecciones serán nuevamente una burla. Se tendrá que elegir entre el menos malo o el menos corrupto. Regresarán los candidatos que tienen plata como cancha o que roban pero hacen obra. Se repartirán envases con comida. Nada los detendrá. El Congreso de la República es el principal cómplice porque en él se encuentran representados la mayoría de partidos políticos que pasaron por la salita de Vladimiro Montesinos o por las oficinas de Marcelo Odebrecht.

Así, la historia de la corrupción de los partidos políticos en el Perú se presenta primero como una farsa y luego como una tragedia. Una farsa que le genera grandes ganancias a unos pocos; y una tragedia que significará grandes pérdidas económicas a las grandes mayorías.

*Historiador a favor del Colegio Profesional de Historiadores del Perú.

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