Por: Alberto Moreno Rojas

A propósito del Centenario del PCCH


Hace un siglo -21 de julio de 1921- fue fundado, en la ciudad de Shanghai, el Partido Comunista de China.  Participaron en su primer congreso 12 delegados en representación de 72 afiliados. Entre ellos se encontraba Mao Zedong. Un siglo después, sus militantes superan los 90 millones. Es el mayor partido político del planeta, el mejor estructurado, con raíces hasta en la última aldea del territorio chino, con sólido soporte ideológico marxista ajustado a las condiciones del país.

La historia moderna de China data del siglo XIX. Gobernaba la decadente dinastía imperial de los Qing desde hacía 200 años, condenando al pueblo chino a un abismo de sufrimientos y humillaciones, sumisa frente a la agresión extranjera. Como consecuencia, China se encontraba sumergida bajo la opresión de 8 potencias imperialistas: Inglaterra, Estados Unidos, Alemania, Francia, Rusia zarista, Japón, Italia y Austria

La otrora poderosa China, la primera potencia del mundo durante siglos, había devenido en la patria humillada, en un cuadro de destrucción y ruina. De continuar esa situación su futuro se presentaba sombrío.

Donde hay opresión hay resistencia, es la ley de la historia. Muchos fueron los chinos que se revelaron ante esa situación y levantaron la bandera de la salvación nacional. Sun Yat-sen fue un gran patriótica y demócrata. A principios del siglo XX fundó la Liga Revolucionaria y la dotó de un programa político dirigido a la fundación de una república democrática. Más tarde, influenciado por las ideas socialistas buscó imprimirle a su programa un tono más avanzado. Su muerte dejó un vacío que costó caro al pueblo chino.

Dos hechos influyeron poderosamente en la marcha del pueblo chino. La revolución de 2011 dirigida por Sun Yat-sen que, si bien terminó en el fracaso, estimuló al pueblo chino a seguir luchando y abrió los ojos a la vanguardia, convenciéndola de la imposibilidad de una república burguesa, de que había que seguir otro camino para alcanzar la independencia y la prosperidad de la nación.

El segundo acontecimiento que marcó profundamente a China fue el Movimiento del 4 de Mayo, de 1919, que tuvo como eje central el movimiento juvenil y universitario en respuesta al fracaso diplomático que sufrió China en la Conferencia de Paz de París. Se puede afirmar con certeza que marcó el comienzo de la revolución de nueva democracia y fue, al mismo tiempo, el escenario que creó las condiciones para el nacimiento del Partido Comunista de China.

El Partido Comunista de China nació a la vida política en un escenario de agitación y tensión. La tortura que significaba la presencia del imperialismo estimuló la radicalización de los intelectuales y la juventud, y favoreció su aproximación al socialismo. Fue importante, también, la influencia de la Revolución de Octubre dirigida por Lenin y la participación de la III Internacional Comunista.

Se crearon círculos comunistas en diversas ciudades de China. Estos se dieron a la tarea de estudiar y difundir las ideas marxistas, organizaron revistas con definida orientación socialista, aprovecharon también páginas de publicaciones periódicas ya existentes. Se tradujeron textos de Carlos Marx y Engels, entre ellos el Manifiesto Comunista. El pequeño contingente de comunistas que dió origen al Partido, pronto fue adquiriendo influencia entre los trabajadores al mismo tiempo que conducía sus luchas.

ABRIENDO SU CAMINO PROPIO

Apenas fundado, el Partido se dio a la tarea de organizar a la clase obrera. Shanghai era entonces el centro industrial de China, también del movimiento revolucionario, que se extendió más adelante a Hong Kong y otras ciudades. En un lapso muy breve se desarrolló impetuoso el movimiento sindical, se realizaron grandes huelgas de trabajadores marítimos, ferroviarios, mineros del carbón, al frente de los cuales se encontraba el Partido Comunista. El ascenso del movimiento obrero en el sur de China puso de manifiesto la eficacia de la línea de masas, teoría que más tarde sistematizó Mao Zedong como un estilo fundamental de trabajo de los comunistas chinos.

Entre 1924 y 1927 vastos territorios de China fueron conmovidos por la Gran Revolución encabezada por el Kuominang, que se encontraba bajo la dirección de Sun Yat-sen. Fue la   respuesta al pillaje intensificado de las potencias europeas y Estados Unidos, a las que se sumaron los caudillos militares del Norte quienes controlaban el gobierno central. Fue la primera experiencia de “cooperación entre partido y partido” que aprobó el III Congreso del Partido Comunista. Esta experiencia permitió al Partido Comunista de China salir del relativo encierro en que se encontraba e ir al encuentro de la gran marea revolucionaria en marcha. Un problema que el Partido no entendió, y que más tarde tendría graves consecuencias, fue la hegemonía en la revolución democrática, al asignar el papel “de líder de la revolución” al Kuomintang subestimando su heterogeneidad y sus futuros cambios.

La cooperación entre el Partido Comunista y el Kuomintang, que aprobó Sun Yat-sen, facilitó el crecimiento del primero, amplió su influencia en la clase obrera y el campesinado, y le permitió organizar fuerzas armadas revolucionarias. La idea de la revolución nacional se difundió en todo el país. El Movimiento 30 de mayo de 1925, de claro contenido antiimperialista, se extendió a toda China, con los comunistas en primera línea. Como consecuencia de ello en menos de un año el Partido Comunista incrementó su militancia por diez, pasando de 1000 afiliados a más de 10,000.

Más tarde, en abril de 1927, se produjo el golpe contrarrevolucionario de Chian Kai-chek contra los comunistas, facilitado por la orientación capitulacionista de su -secretario general Chen Duxiu, modificando radicalmente la situación del país. El costo fue el fracaso de la Gran Revolución y la persecución de los comunistas.

La influencia de los representantes de la Internacional Comunista en el Partido Comunista de China, facilitó este desenlace. En lugar de una lucha firme contra la línea anticomunista del Kuomintang, prefirió una política de capitulación. No entendieron un hecho singular: de un lado, la derechización del poder militar, con Chang Kai-sek al frente; por el otro, la radicalización del movimiento de masas, sobre todo obrero y campesino.

<p>No fue un camino llano sino complejo, lleno de controversias, marcado por derrotas, que sometió al joven Partido Comunista a serias pruebas. Decenas de miles entre comunistas y otros revolucionarios sin filiación política fueron asesinados. En la nueva situación de reflujo de la revolución china el Partido corría el peligro de desintegración por la acción contrarrevolucionaria del enemigo.</p>

<p>¿Qué hacer? En este momento crítico, como Mao Zedong resumió más tarde, “el Partido Comunista de China y el pueblo chino no se dejaron amedrentar, someter y exterminar. Se pusieron en pie, se limpiaron las manchas de sangre, enterraron a sus camaradas caídos y volvieron a la lucha”.</p>

<p>El levantamiento de Nanchang, en agosto de 1927, fue la respuesta que inauguró un nuevo período en la historia del PCCH: pasar de la toma de las ciudades a la marcha hacia las zonas rurales. En esas condiciones el Partido definió la orientación para la revolución agraria y la resistencia armada contra la contrarrevolución del kuomintang. En ese sentido, pasar de la toma de las grandes ciudades, que caracterizó el período anterior, a la marcha a las zonas rurales, representó una nueva estrategia de importancia decisiva en la historia de la revolución china.</p>

<p>UNA NUEVA ETAPA</p>

<p>La construcción de bases de apoyo revolucionarias cuyo epicentro fue el basto espacio rural, el despliegue de la guerra popular dirigida por el Partido Comunista y la batalla por la unidad más amplia del pueblo chino, sentó las condiciones para la futura victoria de la revolución china en 1949.</p>

<p>Pero el camino recorrido no fue rectilíneo. El Partido aprendió a dominar las leyes de la revolución superando errores, sistematizando sus experiencias, persistiendo en aplicar el marxismo leninismo de conformidad con la realidad de China. La construcción de la Base de Apoyo en las montañas Jinggang con Mao Zedong como dirigente principal, aprovechando el vacío dejado por una ruptura entre las clases dominantes, fue el punto de inicio de este período. Sin embargo, nuevos errores de signo izquierdista en la dirección del Partido y en la conducción de la guerra, estuvieron a punto de hundir, nuevamente, la revolución china. Como consecuencia de la derrota en la V campaña de “cerco y aniquilamiento” a manos del Kuomintang,&nbsp; las fuerzas principales del Ejército Rojo se vieron obligadas a abandonar su Base de Apoyo. En esta coyuntura crítica se celebró la reunión de la dirección del Partido Comunista en la ciudad de Zunyi. Reunión decisiva que rectificó los errores izquierdistas, estableció un nuevo núcleo de dirección e incorporó a Mao Zedong en la máxima instancia del Partido, haciéndose cargo de la conducción militar.</p>

<p>Así se inició la Larga Marcha que alcanzó sus objetivos, exitosamente, instalándose el ejército revolucionario en el Norte de China. A partir de allí el Partido Comunista, con el liderazgo consolidado de Mao Zedong, desplegó la lucha contra el ejército del Kuomintang que sumaban cientos de miles de soldados, y organizó la resistencia e inicio de la guerra en todo el país contra la agresión del imperialismo japonés, cuyo objetivo era convertir a China en colonia suya.</p>

<p>Apoyándose en la movilización del pueblo chino que no estaba dispuesto a tolerar a las fuerzas de ocupación japonesas, el Partido Comunista de China fue ganando la confianza del pueblo, desarrollando sus fuerzas y capacidad de combate. La solvencia teórica marxista, el conocimiento profundo de la realidad china y la sistematización de la experiencia de la lucha revolucionaria, permitieron a Mao Zedong definir las leyes y los principios particulares de la revolución China y la guerra popular. La “chinización” del marxismo data de entonces y encontrará nuevos desarrollos a lo largo de la revolución y la construcción del socialismo hasta el presente.</p>

<p>Los 10 años que transcurrieron entre la derrota de la Gran Revolución y las vísperas de la Guerra de Resistencia al Japón en 1937, representa un período en el cual el Partido Comunista de China enfrentó enormes dificultades y, al mismo tiempo, alcanzó su madurez política y estratégica.</p>

<p>Expulsado el imperialismo japonés de territorio chino, se abría para China dos caminos. Una salida democrática o el reinicio de la guerra civil. El Partido Comunista de China proponía el establecimiento de un gobierno de coalición democrática y poner fin al gobierno autocrático del Kuomintag. Decisión que contó con el apoyo de las organizaciones políticas y el pueblo chino. Era la única garantía de Paz. Ignorando la opinión nacional e internacional el Kuomintang lanzó operaciones militares contra áreas controladas por el Partido Comunista de China. Fue el inicio de la guerra civil. Perdida la batalla política, 4 años después perdería también la batalla militar.</p>

<p>La fundación de la República Popular de China el Primero de Octubre de 1949, corona esta etapa de la revolución china e inicia otra: el de la construcción del socialismo, que continúa hasta el presente.</p>

<p>EL SOCIALISMO NO SE CONSTRUYE EN UN LECHO DE ROSAS</p>

<p>La revolución y el socialismo significan un proceso permanente de avance, generación de nuevas contradicciones, de respuestas nuevas a situaciones nuevas. Los éxitos no están libres de dificultades, errores o amenazas internas y externas. El socialismo no significa seguir un camino llano, sino complejo, cargado de obstáculos. No existe una receta única. Debe responder a realidades concretas y a tiempos diferentes. En palabras de José Carlos Mariátegui, en una síntesis genial no siempre valorada adecuadamente, “debe ser creación heroica”, responder a la “propia realidad”, expresarse en su “propio lenguaje”.</p>

<p>Instalada la República Popular China en octubre de 1949, venía la tarea de la reconstrucción de la economía china destruida por la guerra y por la corrupción desbocada del gobierno kuomintanista. El tema agrario, pendiente desde la antigüedad, fue una de los primeros en ser resuelto por el nuevo gobierno. La democracia debía ser vista integralmente, por lo que debía extenderse, también, a los asuntos económicos, sociales, culturales. Tres años después el Partido Comunista de China había logrado restaurar con éxito la economía, creando las condiciones para culminar exitosamente el período de transición.</p>

<p>A principios de 1953 comenzó la ejecución del I Plan Quinquenal de la construcción estatal y se declaró la industrialización como la tarea principal de la construcción económica. El resultado fue un auge sin precedentes. La participación del proletariado como clase de vanguardia fue ejemplar. El desarrollo económico sería incompleto sin la construcción cultural e ideológica, dentro de ella la educación y el trabajo científico, así como la construcción del sistema legal.</p>

<p>El eje que puso en movimiento la nueva China fue el Partido Comunista de China, cuyo enorme prestigio fue la garantía de la unidad del país y de la estabilidad política. Hacia 1956 se había logrado, con éxito, la transformación de la propiedad privada de los medios de producción a otra, de propiedad pública colectiva de las masas trabajadoras.</p>

<p>Quien crea que el socialismo avanza sin contratiempos y dificultades, se equivoca. Dado que es una experiencia completamente nueva, que debe explorar y resolver problemas muchas veces desconocidos y enfrentar obstáculos originados dentro y fuera del país, es susceptibles de errores. Además, como ha reconocido el propio Partido Comunista de China, “estaba poco preparado en lo teórico e ideológico” para enfrentar tareas de tamaña dimensión. Por ejemplo, la consigna “aprender de la Unión Soviética” fue importante, pero también trajo problemas. “No todas las experiencias soviéticas eran buenas, ni todas las experiencias buenas de la Unión Soviética se ajustaban a las condiciones de China”. Lo importante es buscar el camino propio y la verdad en los hechos.</p>

<p>A pesar de estas conclusiones certeras, la dirección del Partido Comunista de China incurrió en dos grandes errores: “El gran salto adelante” y la “revolución cultural”. La motivación, en ambos casos, tenían detrás los mejores deseos para hacer avanzar la causa socialista y consolidarla ideológicamente. Pero una cosa son los mejores deseos, otra la realidad y los resultados.</p>

<p>El “gran salto adelante” y la campaña para establecer las “comunas populares”, fueron decisiones incorrectas mientras se exploraba un camino propio para la construcción del socialismo en China. Su fuente fue el subjetivismo y el voluntarismo, pues no se tuvo en cuenta el atraso económico de China, su precaria base material. Era anhelo del Partido Comunista de China y de las masas alcanzar logros mayores y rápidos. Pero la construcción de la economía responde a leyes objetivas y a condiciones concretas. Violentarlas llevará a consecuencias lamentables. En lugar de avances seguros, el resultado final fue contrario.</p>

<p>Pocos años después se desencadenó la “revolución cultural” que caotizó China durante 10 años. Una vez más la buena intención sustituyó a la realidad. El propósito fue “prevenir la restauración del capitalismo” y explorar un camino propio del socialismo en China. Se partía, sin embargo, de una incorrecta evaluación de la situación política y de las divergencias en el seno del Partido, y de la exageración de la lucha de clases en el socialismo. Fue un error entender la “revolución cultural” como “lucha contra la línea revisionista y capitalista” dentro del Partido. El resultado fue provocar la anarquía en el Partido, el Estado y el pueblo Chino.</p>

<p>A pesar de los problemas señalados China tuvo avances dentro y fuera del País. Su presencia en el escenario mundial fue cada vez creciente. Las relaciones con la Unión Soviética, de fructíferas y amistosas, y de unidad en el movimiento comunista internacional, pasaron a tensas y de confrontación. Las relaciones chino norteamericanas estaban marcadas por la Guerra Fría y de abierta hostilidad de Estados Unidos con China. Más tarde, sin embargo, se abrió paso la distención entre ambos países y se restauraron los derechos legítimos de China en las Naciones Unidas.</p>

<p>A fines de 1978, la III Sesión Plenaria del Comité Central marcó un gran viraje en la historia del Partido Comunista de China. Hizo el balance de las experiencias positivas y negativas del pasado, extrajo lecciones, corrigió errores y elaboró una línea, principios y políticas que marcaron la marcha del Partido Comunista de China y del socialismo chino hasta el presente.</p>

<p>Persistiendo en los 4 principios fundamentales del Partido, a partir de entonces se formuló la orientación de trasladar el eje del trabajo de todo el Partido y el foco de atención del país a la modernización socialista. En el XII Congreso Nacional del Partido, Deng Xiaoping resumió la línea general: “seguir nuestro propio camino y construir un socialismo como peculiaridades chinas”, que es la base de la reforma y apertura y la modernización de China contemporánea.</p>

<p>A partir de entonces el despegue de la economía china no tiene precedentes en la historia humana, por su intensidad como por su amplitud. La China humillada y explotada al momento de la fundación del Partido Comunista, se ha convertido en un país poderoso no sólo por su peso económico, también por su influencia política y diplomática, potencia científica y tecnológica, fuerza cultural y moral.</p>


China avanza a pasos de gigante en la tarea de hacer realidad el “sueño de la gran revitalización de la nación china”, consumando la construcción de una sociedad modestamente acomodada y asegurar, al cumplirse el centenario de la fundación de la República Popular China, la culminación de la construcción de un país socialista moderno, próspero, democrático, civilizado y armonioso.

El garante para la consecución de estos grandes objetivos son el Partido Comunista de China y el pueblo chino movilizados en torno de un gran proyecto histórico en cuyo centro está el ser humano.

Sin la dirección del Partido Comunista y la participación activa del pueblo chino, no existiría la china de hoy, ni se entendería la china proyectada para los próximos 30 años. Solo el socialismo, dirigido por tal partido político, pudo obrar este prodigio. Sin la posición rectora del marxismo integrado a las condiciones de China tampoco tendríamos el Partido comunista y el socialismo victoriosos.

Haciendo un resumen de su experiencia, el Presidente Xi Jinping señaló reiteradamente: “¿En qué nos apoyaremos para preservar el carácter de vanguardia y la pureza del Partido y para consolidar su base y estatus de gobernante? El apoyo más importante consiste en persistir en la línea de masas del Partido y mantener estrechos lazos con ella”. Aquí radica el secreto de su longevidad, de su capacidad para superar errores y dificultades, para preservar la confianza del pueblo y ser capaz de ofrecer al mundo una alternativa confiable en oposición al capitalismo.

No es una casualidad la santa alianza que se propone construir los Estados Unidos para cercar y derrotar a China. No soporta una China ascendente y creciente en su influencia en el mundo, no porque amenace su hegemonía para instalar otra potencia hegemónica que siga sus pasos, sino porque significa el término del hegemonismo para dar paso a un mundo de países iguales, de paz y prosperidad común. En otras palabras: “una comunidad de destino de la humanidad.

Hace ya bastante tiempo, en reuniones que tuvo Zhou Enlai con Henry Kissinger, le &nbsp;&nbsp;recordó que China nunca se convertiría en una superpotencia. Más recientemente, el presidente Xi Jinping afirmó enfáticamente que “China nunca buscará la hegemonía, la expansión o las zonas de influencia”. Esto está en concordancia con el ideal que representa el socialismo.

La historia del Partido Comunista de China es ejemplar. Nunca ha ocultado sus errores ni ha exagerado sus virtudes. Conocerla puede ayudar a comprender China, su revolución, su historia contemporánea, y vislumbra su futuro.