Por: Leoncio Roberto Acurio Canal / Bernardo Dolmos Vengoa

Luis Miguel Castilla, exministro de Economía, buscando asustar a la población. Ha publicado en La República un artículo sobre las medidas populistas que pondrían en riesgo los sólidos fundamentos macroeconómicos. La hora populista en la era de la pandemia, como titula el artículo el “tecnócrata”, pone bajo la lupa una serie de medidas que tiene en agenda el Congreso de la República, Castilla comenta:

“[…] la suspensión unilateral de los peajes de carreteras concesionadas y los proyectos de ley que pretenden reducir la jornada laboral, devolver a los afiliados el 100% de los saldos que tienen en las AFP, imponer un impuesto a las ganancias, regular las tasas de interés de las entidades financieras […] Estas iniciativas no solo generarían importantes contingencias judiciales para el Estado, sino que perforarían al fisco y ahuyentarían a la inversión […]

La inseguridad jurídica […] las desconfianzas harían que el crecimiento del PBI potencial tenga como techo la tasa de crecimiento poblacional de 0.7%, lejos del 3% que se registra en la actualidad”[1].

Lo que olvida Castilla es que la inversión extranjera que defiende, sumada a los grandes consorcios de las 12 familias peruanas, solo ha podido crear 3.8 millones de empleos, de los cuales 0.9 millones son trabajadores con contrato a 2 meses, de los 17 millones de trabajadores que compone la PEA. Mientras que, el Estado, al que moteja de ineficiente, es el que mantiene a mas de 1.4 millones de trabajadores. Esa economía que defiende, poniendo de argumento el crecimiento del PBI, de los 550 millones de soles de producción (PBI), a los trabajadores les llega 30% como sueldos y salarios, y mas de 60% de rentas para los empresarios. Castilla olvida el empleo frágil que ocupa a la mayoría de los peruanos, 12 millones de trabajadores informales que carecen de seguro social y de una renta futura en su vejez. Olvida que la economía sólida que ve desde su óptica de “tecnócrata”, la mueven los mas de 1.7 millones de micro y pequeños empresarios informales, que junto a los trabajadores en general nos hemos convertido en los intermediarios de las grandes utilidades de las grandes empresas a través del consumo.

Castilla también parece olvidar que la vida cómoda de la cual goza es parte de la herencia familiar de una elite que se apropió del Estado, al que convirtieron en ineficiente y del cual se sirven apoyando gobiernos corruptos, lo cual le permite enriquecer sus propios activos. El ex ministro quiere aparecer como un “tecnócrata”, desesperado, nos recuerda que: “Ignorando la argumentación técnica, nuestros políticos pretenden olvidarse la gran fractura social que causo el populismo en la década de los 80 […]”, para solapadamente, defender políticamente los intereses de los grupos de poder.

Para Castilla medidas como los 60,000 millones de soles avalados por el gobierno y supuestamente orientados a las Mypes o el apoyo del Banco Central de Reserva a las AFPs  para “garantizar los precios de los bonos y acciones” están orientadas a garantizar la solidez económica del país. Y no, como aparece a los ojos de todo mundo, para seguir salvando a las mismas personas que hacen y deshacen en el país y que han sido las responsables de la desigualdad y pobreza que hoy la pandemia ha sacado a la vista. Sin embargo, para Castilla ayudar y salvar a los mismos de siempre no es populismo.

Sería necesario recordarle al exministro, el saqueo a la que está expuesta la clase media y el pujante micro y pequeño empresariado nacional por parte de ese sector financiero que busca defender, que a través de las altas tasas de interés por consumo, las cuales superan el 140%, o las tasas de interés diferenciadas que se aplican a las Mypes, que están por encima del 30%, no permiten la consolidación de estos sectores. Sin embargo, por el otro lado, este proceso ha permitido la trasferencia de riqueza monetaria de este bloque empresarial y de la clase media a estos grandes conglomerados económicos y financieros. ¿Acaso no es populismo la arquitectura de este orden económico que utiliza el trabajo para la mayor riqueza de las grandes empresas?

La virtud de Castilla y sus pares es el uso del lenguaje “tecnócrata” que esconde, no solo las posturas políticas, sino también el saqueo económico a través de una estructura económica abusiva y el saqueo directo de los recursos del Estado a través de la corrupción. No olvidemos los casos judiciales en las que está involucrado Castilla y su familia, la firma del contrato del gaseoducto sur, o las malas artes de su hermana y el clan de los Orellana, lo cual revela, no solo el carácter populista de los procesos de inversión en el Estado. Sino también el carácter populista del poder judicial, donde el final feliz será su exculpación, gracias a ese Estado populista del cual ellos son dueños.

Es cierto que hoy por hoy los grandes conglomerados internacionales hablan del gran trabajo que ha hecho el Perú por mantener una austeridad fiscal y unas cuentas en verde, lo cual es respaldado por una gran mayoría de economistas, entre los que se encuentra el ex ministro, quienes habla de los fuertes fundamentos macro de nuestra economía. Sin embargo, parecen mirar a otro lado al darse cuenta que esa “solvencia fiscal” ha sido construida a expensas de la precarización de la salud, educación y el empleo en el Perú, factores que no nos permiten salir de esta crisis. O que ese mismo país con “grandes fundamentos macroeconómicos”, es el mismo que gasta una suma sin precedentes a raíz de esta crisis, para que populistamente sostenga los grandes privilegios de la gran empresa nacional y extranjera. Solo el tiempo podrá hacernos ver en realidad la economía que hemos construido; sin embargo, mientras tanto, es nuestro deber estar alertas y luchar por un Perú mejor y una economía inclusiva para todos, y no solo para el provecho de una elite dueña del Estado.


[1] https://larepublica.pe/opinion/2020/05/13/coronavirus-la-ola-populista-de-la-pandemia-por-luis-miguel-castilla-rubio/