CARMENCITA LARA: EL TRIUNFO DEL VALSE PROVINCIANO EN LIMA

MARIO TEJADA TOLEDO

Si existe un género musical que se resiste a desparecer y que significó el paradigma de la música de la costa, es el valse peruano. Otros géneros como la polka, la marinera limeña, el panalivio, la habanera, están casi en el olvido o ya pasaron a él. La denominada en nuestro país música negra, en la actualidad llamada afro (¿?), ha sido reinventada en los últimos cincuenta años del siglo pasado, cuando después de la Segunda Guerra Mundial estaba prácticamente olvidada.

Todavía no se han realizado investigaciones del por qué la cultura oficial a este moribundo género popular, lo sigue considerando el representativo de la canción popular en el Perú, en detrimento del huayno. Basta, en Fiestas Patrias, visitar los principales centros de comercio y diversión de Lima pare escuchar y ver la invasión de valses en la gran mayoría de estos espacios, con chalanes incluidos. Y el Día de la Canción Criolla, el 31 de Octubre, le hace la palea a la internacionalizada costumbre yanqui: el Día de las Brujas. Igual sucede con los espacios publicitarios de radio y televisión.

La destacada intérprete Carmencita Lara tuvo una extraordinaria virtud: andinizó el valse. Le puso olor y gusto provinciano. Algo similar logró Luis Abanto Morales, pero no en la magnitud y alcance que logró ella. Otro, en menor medida, fue el Cholo Berrocal.

La andinización de Lima y algunas ciudades de la costa fruto de la gran ola migratoria de los habitantes de la sierra luego de la Segunda guerra Mundial, ha significado un profundo cambio de las costumbres y cultura popular de esta parte del Perú, y el valse no se supo adaptar a este cambio social, para poder competir (en el buen término de la palabra) con la música y danzas que llegaron de las provincias principalmente a Lima. Tampoco a las modificaciones que trajeron los medios de comunicación con la televisión y luego con la tecnología digital.

En la década del 60 del siglo pasado, los últimos años de gloria del valse y lo primeros de su decadencia,  como una fulgurante estrella hizo su aparición Carmencita Lara. Rápidamente su estilo de queja y quebranto pegó en esta masa de hombre y mujeres que invadían los desiertos y los cerros principalmente de Lima, y también de otras ciudades como Chimbote, Trujillo y Chiclayo. No es atrevido señalar que si ella hubiera grabado en la década del 50 y cantado por la radio en la del 40, su popularidad no hubiera sido tan arrolladora como lo fue.

Carmencitaa empezó cantando huaynos, y es posible aseverar que si se hiciera una investigación acuciosa de la influencia de este género en los y las cantantes denominados(das) criollos(as), Carmencita Lara sería la que mejor lo expresó.

Si equiparamos los estilos de Jesús Vásquez, una de las grandes intérpretes del valse, con la de Carmencita Lara, existen serias diferencias producto de diversas influencias. Jesús Vásquez está más cerca de los boleros y el tango (géneros extranjeros) que Carmencita Lara. Quizás por ello fue más internacional, logrando actuar en películas mexicanas, cantando, e inclusive recorrió casi toda América. No debemos olvidar que tiene grabaciones ejecutando boleros. Carmencita no, es más nacional-andina, por ello es posible asegurar que no hubiera podido interpretar apropiadamente una polka, como lo hizo múltiples veces Jesús, o El Plebeyo, una de las canciones inmortales de Felipe Pinglo Alva.

El valse de estilo andino que impuso Carmencita Lara, si hubiera generado seguidores, seguramente hoy tendría un futuro importante en el espacio de la música popular peruana. ¿Por qué no fue así? habría que encontrar una explicación hurgando en los sectores sociales donde se cultiva este género musical, reacio a las manifestaciones artísticas andinas, particularmente con su música. Y es que nuestro país todavía es un territorio de desencuentros artísticos muy arraigados.

Ello queda demostrado con algunas notas periodísticas en relación a su desaparición física, en las cuales se señala que su estilo era quejumbroso y llorón, términos equívocos que se le asignan a la música andina para rebajar su nivel  de calidad estética. Si algo caracteriza a los géneros musicales de los Andes, es expresar el dolor de la opresión de un pueblo por más de 500 años. ¿Acaso no sucede lo mismo con el blues?

Lamentablemente la cultura oficial ha impuesto esta absurda creencia, que inclusive tiñe a una parte importante de los sectores culturales populares de la costa. Es ya tiempo de luchar para desterrar tan absurda interpretación de nuestra alma musical serrana.