Bolivia: ¿un mar de llantos?

Por: Ernesto Toledo Brückmann

En cierta ocasión un internacionalista que llegó a dar una conferencia en el local de mi partido sostuvo que a veces es preferible lograr la paz luego de una guerra que lograr la paz en una mesa de diálogo. Algunos de los que estábamos en el Aula Amauta del Jirón Miroquesada intentábamos interpretarlo, compararlo con las maniobras diplomáticas de Zhou Enlai o simplemente mantener los ojos abiertos y fingir que entendíamos.

Con el tiempo nos damos cuenta que lograr la paz luego de una guerra permite pensar en la revancha pero apostar por un jurado neutral y lograr la paz luego de perder en la mesa una causa que creemos justa solo hace que nos quede el silencio y un dolor perpetuo; “patear el tablero” solo ocasionaría que ahora seamos nosotros los agresores.

Para la diplomacia chilena hubiese sido el colmo que perdiera dos casos consecutivos en La Haya. Luego de su derrota ante el reclamo peruano se le venía el caso de la soberanía marítima boliviana. Pero La Corte Internacional de Justicia (CIJ) determinó que el gobierno de Chile no tiene la obligación de negociar con Bolivia.

Poniéndonos en el peor de los escenarios para Chile, ese país jamás dejará de tener costa marítima y perdería lo que ganó por la fuerza y sin la razón. Bolivia perdió territorio con Brasil en la guerra del Acre (1903) y no dejó de pertenecer a la cuenta amazónica; perdió terreno con Paraguay en la guerra del Chaco (1932- 1935) y no dejó de pertenecer a la cuenca del Plata; pero en 1879 perdió salida al mar y se volvió mediterráneo pese a que el 95% de la población que vivía en Antofagasta no haya sido boliviana.

La decisión de La Haya es inapelable; fueron cuatro las veces en las que Chile estuvo cerca de conceder una salida al mar a Bolivia pero eso no bastó para La Haya. Sin embargo, el juez Abdulqawi Ahmed Yusuf, a pesar del fallo, invita a ambos gobiernos a buscar una forma de entablar un diálogo sobre este asunto.

El vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, asegura que a Bolivia le quedan otras instancias para insistir con su reclamo marítimo.

Por el momento, La Paz deberá tratar de entenderse con Santiago y sacar el máximo provecho de los acuerdos vigentes que le permiten usar el puerto de Arica con algunas facilidades. Recodemos que en 1992 el gobierno de Fujimori les dio por 99 años una franja costera de 5 kilómetros de playa en Ilo (Bolivia mar) y que no tiene el mínimo de provecho por parte de Bolivia.

Más allá del diferendo con Chile, otras opciones que se plantean para que Bolivia tenga acceso al mar pasan por tratados firmados con el Perú, Paraguay y Argentina, Brasil y Uruguay, aunque esto nada tenga que ver con soberanía nacional y se refiera a libre navegación por ríos que desembocan en el océano Atlántico. Las embarcaciones bolivianas pueden alcanzar agua de mar partiendo desde sus propios muelles y, tras cruzar un río paraguayo y aguas argentinas, desembocar en el Océano. Para tal efecto, los bolivianos construyeron Puerto Busch aunque su puesta en marcha hasta ahora ha sido muy lenta.

A través de diferentes tratados, países vecinos le concedieron facilidades a Bolivia para la salida de sus productos por sus costas. Se trata de opciones de instalación de zonas libres de impuestos para los productos de ese país e incluso facilidades en diferentes puertos.

Respecto a salida soberana, dicen que el tiempo s e mejor remedio para aliviar los males a sea por la resignación y el olvido o para denunciar a la Corte de La Haya de actuar políticamente en favor de Chile. En este último caso, ni mis hijos ni mis nietos vivirán para verlo. Bolivia nació como república en 1925 y con mar. Solo lo tuvo 49 años y sin casi ningún boliviano que la defienda, dejándola a merced de mano de obra chilena y empresarios británicos. Pasaron 139 años y muchas generaciones que no necesitaron el mar para levantar a ese país. Nadie ama lo que no conoce y llora hasta que lo pierde.