Bicentenario de Marx y algunos retos del marxismo

Por: Arturo Ayala Del Río

Eric Hobsbawm (2011), señalaba como anécdota que Karl Marx y Herbert Spencer, que fueron relativamente contemporáneos, están enterrados en Highgate (Inglaterra) a una distancia muy corta. Spencer era considerado por la academia inglesa como el “Aristóteles” de su época y Marx se encontraba con serias dificultades de toda índole y el rechazo de la comunidad académica de entonces. Hobsbawm mencionaba que hoy en día a no muchos les importa que la tumba de Spencer esté en ese lugar, mientras que la tumba de Marx aparecía homenajeada a diario por ciudadanos de todo el mundo. Hobsbawm se preguntaba sobre cómo Marx habría pasado sus últimos años, agobiado por el trabajo intelectual y viendo fracasar los intentos de organización del proletariado. No llegó a ver la magnitud de su legado.

Ochenta años luego de la muerte de Marx, casi un tercio del mundo era dirigido por partidos o movimientos que se adherían a sus postulados y su producción teórica. La Unión Soviética era el principal referente en el planeta del desarrollo de las ideas del viejo Marx, convirtiendo una nación de campesinos en una confederación de países soviéticos industrial y moderna, victoriosa luego de la II Guerra Mundial, su ámbito de influencia llegó a lo que se denominó “Europa del Este” y países como Hungría, Polonia, Bulgaria, entre otros, y por el otro lado del globo a Mongolia, abrazaron el comunismo como paradigma político en el gobierno.

En la Europa Occidental los Partidos Comunistas alcanzaban votaciones inimaginables, a tal punto que la OTAN tenía un “plan de emergencia” frente a una posible victoria electoral de los comunistas en Italia, por ejemplo. En Asia estallaron revoluciones con el fusil en manos de millones de campesinos chinos, coreanos o kampucheanos (hoy camboyanos).

En África a pesar de las condiciones frágiles del proceso de descolonización, muchos de estos movimientos nacionales y líderes, vieron en el marxismo a una alternativa para sus naciones empobrecidas. Anatoli Gromyko, hijo del histórico canciller soviético Andrei Gromyko comentaba sobre África lo siguiente: “La mitad de los países del continente declara querer construir el socialismo. Son sinceros, pero prestamos una atención particular a los que han incorporado el marxismo-leninismo a su programa, como Angola, Etiopía, Mozambique y Congo. De hecho, por el momento no hay en África ni países socialistas ni capitalistas (…). Sin embargo, la organización comunitaria tradicional está mucho más cerca del socialismo que del capitalismo”.

Incluso en América Latina, el “patio trasero” de la principal potencia capitalista, se desarrollaron revoluciones, movimientos de liberación nacional o triunfos electorales, como en Chile.

Esta oleada revolucionaria tuvo desde siempre la reacción de las fuerzas conservadoras con todo el peso de su poder como en España, durante la Guerra Civil que era vital para evitar la existencia de un gobierno socialista en “Europa Occidental”; Indonesia, en donde se exterminó al tercer Partido Comunista más grande del mundo y se calcula que fueron asesinados casi tres millones de comunistas; o, Chile con el sangriento golpe que derroca al gobierno democráticamente electo de Salvador Allende y con ello el proyecto hegemónico experimenta las primeras reformas neoliberales profundas en la región.

Estos son algunos de los ejemplos, entre los varios en donde el bloque imperialista hegemónico no dudó en usar la fuerza e invasión directa para asegurar sus intereses, incluso contra países muy pequeños como Granada. Millones de militantes y activistas han muerto en la represión y persecución en el mundo. Miles de futuros líderes revolucionarios fallecieron en el anonimato.

Pero luego de la derrota de esta oleada revolucionaria a finales del siglo XX es en donde los teóricos del capitalismo anunciaban el entierro definitivo de las ideas del viejo Marx. Francis Fukuyama anunciaba el fin de las ideologías y los grandes conflictos de clase. Gobierno tras gobierno “socialista” o “comunista” caían de la mano con el derrumbe de la URSS: El imperialismo tuvo un decenio para reordenar el mundo a su antojo. La URSS fue desmembrada en 16 países y Rusia paso a tener una extensión menor a la que tenía en el siglo XVII. Yugoslavia fue aplastada, asfixiada en conflictos nacionalistas sumamente convenientes al imperialismo y donde ahora existen hasta siete repúblicas. Sólo cinco países sobrevivieron de la derrota de la oleada revolucionaria del siglo XX: China, Corea del Norte, Laos, Vietnam y Cuba.

Pero en medio de la “paz neoliberal”, que de pacífica no tenía nada, se han visto las limitaciones del sistema capitalista y su modelo de implementación, el neoliberalismo. Estados Unidos se estancó en Medio Oriente, empezó el descontento y la irrupción de los movimientos sociales en América Latina. Más allá de idas y venidas, hoy vemos que los cinco gobiernos que mantuvieron el régimen socialista se mantienen en pie con éxitos notables en la economía o en la política, y hay otros países que reivindican las ideas del viejo Karl Marx, como Bielorrusia o en algunos en América Latina.

En la propia Rusia los comunistas acaban de quedar en segundo lugar, en el proceso electoral. A 200 años del nacimiento de Marx su vigencia es innegable, la crisis del 2008 no puede ser entendida, incluso por los propios capitalistas, sin sus aportes.

Partidos, colectivos, sindicatos, países y una infinidad de instituciones en todo el mundo han rendido homenaje al Prometeo de Tréveris.  El presidente de China, Xi Jiping señala que Marx es “el maestro de la revolución para el proletariado y la clase trabajadora de todo el mundo, el fundador principal del marxismo, el creador de los partidos marxistas, el explorador del comunismo internacional y el pensador más brillante de los tiempos modernos”.

Esto en medio de un homenaje realizado por el Partido Comunista que dirige a la futura primera potencia del mundo. Más allá del dogmatismo y reservas infantiles, es China la que se ha convertido en el principal baluarte y defensa de la actualidad del marxismo.

A la burguesía le tomó siglos de derrotas hasta que empujó a la vieja aristocracia de los feudos en Europa a constituir las monarquías absolutas que le heredarán al estado burgués instituciones como el ejército, la administración unificada, la burocracia y el derecho romano que es retomado para la defensa de la propiedad burguesa, entre otros. Las revoluciones burguesas triunfantes se desarrollaron sobre sociedades eminentemente burguesas, y aun así convivieron con elementos políticos y culturales de otros modos de producción.

“Los muertos que vos matáis gozan de buena salud”, decía Pierre Corneille en su obra El Mentiroso en 1643, eso se aplica perfectamente a los comunistas y al legado del propio Marx. El mundo del siglo XIX que fue escenario de las revoluciones obreras y campesinas derrotadas y que serían analizadas por Marx, era el de un capitalismo en pañales. El siglo XX y las revoluciones como la bolchevique, aún siguió teniendo un mundo que recién pasaba del feudalismo o sus sociedades tradicionales a la época inicial imperialista. Así como en el siglo XIX, la constitución de los gobiernos socialistas del siglo XX fue parte de una oleada que asustó por más de 70 años a las clases dominantes.

El camino es largo y complejo para que la dinámica de clases sociales sea reemplazada por otra, producto de la emancipación de la humanidad a partir de una revolución de las clases trabajadoras y explotadas, pero tenemos en Marx a aquél que, junto a Engels, abrió camino entre la maleza y nos señaló el rumbo que, con tropiezos, pero convencidos, venimos recorriendo.