Arguedas: de los pueblos originarios para la capital

Influencia y valoración de Lima para entender al Perú andino

Por: Ernesto Toledo Brückmann

Mientras unos lo llaman “tayta” y otros Amauta, la sola mención de José María Arguedas nos llama comúnmente a evocarlo con el violín de Máximo Damián, el charango de Jaime Guardia o cuando danzante de tijera nos diga que llegaron a una capital excluyente. Estamos a pocos días de recordar un año más de su nacimiento y siempre hay algo más que decir.

Que José María viera la luz un 18 de enero, el mismo día de la fundación de Lima, es mera coincidencia, como lo es que el vapor Urubamba, que trajo a su familia por primera vez, ocho años antes trasladara al famoso dúo “Montes y Manrique” hacia Nueva York, a fin de grabar los primeros discos de música peruana.

Arguedas nació en Andahuaylas, Apurímac; en 1919 y 1920 tuvo sus primeros encuentros con la capital y esto le permitió acumular las experiencias suficientes como para que posteriormente su encuentro con la ciudad de los virreyes y centro de todos los “mistis” del Perú no le signifique del todo un choque cultural.

¿Porcentualmente limeño?

De los 58 años que vivió Arguedas, 44 residió en la costa (42 en la capital y dos en Ica) apenas 14 en la región andina (ocho en Andahuaylas, Puquio, Ayacucho, Huancayo, Jauja y Cusco. Un año y medio en la sierra limeña de Yauyos, dos años y siete meses en Sicuani y dos más viajando dentro y fuera del país, en diferentes oportunidades) En porcentaje, tendríamos que la vida de José María transcurrió aproximadamente un 74% en la costa y particularmente Lima y un 26% en la sierra central y sur, además de sus viajes al extranjero.

Aunque son los primeros años de vida los que determinan la personalidad del individuo, es un hecho la presencia abrumadora de Lima en la formación intelectual y social del escritor y científico; después de todo, lo aprendido en la universidad sobre las teorías antropológicas, metodología analítica, trabajo de informantes, técnicas de evaluación de datos y la perspectiva cultural, lo equiparon con un instrumento teórico y práctico que posteriormente, en la década de 1950 comenzará a dar frutos.

Portavoz

Para muchos no queda duda que Arguedas es un “portavoz” del mundo andino, debido a su inmenso legado cultural y capacidad para difundirlo; si con una mirada de etnólogo examinó el proceso real de los cambios culturales que hasta nuestros tiempos ocurren en el Perú, sería bueno preguntarnos si desligarlo de Lima contribuiría o no a comprender a cabalidad su pensamiento y su apuesta por un Perú integral que unifique bajo la cultura andina colectivista, recíproca, diversificada y mestiza a todas las expresiones culturales del país.

Con un ejercicio ucrónico y al amparo de una hipótesis, Arguedas no hubiera tenido el mismo reconocimiento que gozó en su tiempo y que trasciende hasta nuestros días. Ingresar a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, participar activamente en la política, integrarse al mundo laboral, sufrir encarcelamiento, ser protagonista de las tertulias en la peña Pancho Fierro, publicar la totalidad de cuentos y novelas, ser punta clave de un triángulo con las hermanas Bustamante Vernal y conocer a intelectuales que nutrieron sus conocimientos no era algo que podría encontrarse fuera de la capital. Es en Lima donde Arguedas toma consciencia de las luchas por la reivindicación de los indígenas, iniciadas desde antes de su nacimiento y durante su estancia en la sierra.

“Zorro aclimatado”

Alfredo Torero consideró a Arguedas un “zorro de arriba, aclimatado abajo” (1), aunque advirtió que siempre rehusó incorporarse “en alma” a la sociedad costeña, criolla y urbana, pese a afirmarse como escritor en castellano y a adquirir prestigio en la intelectualidad de la sociedad dominante. “y aunque se fue alejando en espacios y tiempos de sus parajes indios, infantiles, que quiso siempre, pos sentimiento, vocación y compromiso, un quechua aparte entera, un  ‘serrano por angas y por mangas’. Inclusive, algunas veces en sus obras, por reacción frente al costeñismo y el anti- indigenismo agresivos que percibió en las ciudades del litoral, tendió a acentuar las virtudes en la gente serrana y los defectos en la costeña.” (2)

Si durante su contacto con comunidades originarias su conflicto existencial giraba en torno a su identificación como “misti” o indígena, la mayor parte de su permanencia en Lima permitirá descubrirse a sí mismo, social, política intelectual y culturalmente. A partir de sus primeros encuentros con la capital se dará cuenta que el conflicto iba más allá: o es un andino que se asimila a Lima o seguirá siendo un andino en franca lucha cultural contra Lima.  (“No soy un aculturado”) (3)  Ello puede observarse en sus primeros cuentos; en un español quechualizado, Arguedas se define andino y reivindica al Ande ante un público limeño ignorante de todo ello, asumiendo además la condición de portavoz de los andinos.

El Ande desde Lima

Rescatamos la opinión del historiador Nelson Manrique, quien señala que el aporte de Arguedas ha sido capital para definir la identidad cultural de Lima. No solo presentó la sierra al público limeño sino contribuyó a resolver necesidades muy sentidas de sus coterráneos. Los primeros migrantes tuvieron que enfrentar no solo un profundo choque cultural sino, sobre todo, sufrir los prejuicios con que históricamente los costeños han visto a los serranos. “Para los viejos limeños los migrantes venían a quitarle su ciudad, eran sucios, desconfiados y taciturnos. Los serranos, por su parte, consideraban a los costeños ociosos, inconstantes y superficiales”. (4)

Por su parte, Augusto Lostaunau considera que por las lecturas de César Vallejo, José Carlos Mariátegui y Vladmir Ilich “Lenin”, es posible deducir que Arguedas asumió una posición social en su obra, así como la misión de revalorar el mundo andino desde Lima y hacia Lima. “Quizás él ya percibía que la gran ola migratoria que se desarrollaría años después era ya inevitable. Lima ya ejercía ese poder de atracción no solo de los sectores aristocráticos provincianos si no de los sectores medios y populares”, señala Lostaunau. (5)

Arguedas era consciente de la enorme capacidad de asimilación y recreación demostrada a lo largo de la historia por los llamados “mundo andino” y “mundo occidental”. Por ello trabajó para mostrar al país aquello que, en el Perú de hoy, permite poner en el camino la identidad proyecto hacia una sociedad justa y fraterna.

Entre el sentirse ajeno a todo lugar – a algunos más que a otros -, y el comprender que en el centro de esta estructura histórica de explotación, también se sucedían los mismos fenómenos de desarraigo y de miseria, Arguedas forjó su personalidad y su visión de Lima, la ciudad que pasa a ser el corazón articulador de ese todavía inmenso pueblo fragmentado llamado Perú.

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(1) Torero, Alfredo. “Recogiendo los pasos de José María Arguedas” Juan Gutemberg Editores. Lima, 2011

(2) Ibídem.

(3) Palabras dirigidas al recibir el Premio “Inca Garcilaso de la Vega”, en octubre de 1968

(4) En: Soto Sulca, Ricardo. “La migración como elemento de cambio en la vida y obra de José María Arguedas”   http://paginadericardosoto.blogspot.com/ 11 de agosto de 2011

(5) Entrevista realizada el 2 de noviembre del 2011