Por: Luis Oliva Antezana

Luego que Martín Vizcarra fue dado de baja por los grupos de poder, por miedo (principalmente) a perder sus privilegios, ya que no tienen un candidato o candidata potable para estas elecciones en marcha; además, se han alineado a la presión de las mafias congresales desesperadas, aquello a derivado en su vacancia. Son estas mafias las que están ahora alineadas con los grupos de poder quienes asumirán la dirección del gobierno y el Estado.

Son mafias, porque así nos indica su accionar y los procesos judiciales que tiene algunos partidos cascarones en curso. Son lo más reaccionario y lumpen de la política nacional por sus procesos relacionados con los Cuellos blancos, el Club de la construcción, Odebrecht y vínculos en proceso de investigación por lavado de activos del narcotráfico.

Sin duda los riesgos para nuestro país son muchos: desde la modificación del proceso electoral, el manejo del presupuesto nacional en plena campaña, el desfinanciamiento de la procuraduría, colocación de sus alfiles en puestos claves y demás.

Las movilizaciones en casi todo el país en rechazo a  Manuel Merino como Presidente de la República es una muestra del rechazo que necesita ser canalizado y organizado. Que la indignación se convierta en una herramienta para la organización social y política,  pues esta indignación se encuentra contenida por años de frustración y desidia.

El escenario todavía sigue siendo pelea de derecha – derecha, ya que igual parece no haber forma de poner temas claves para los de abajo como: Bono universal, mayor presupuesto para salud y educación, reforma de las AFPs y ONP, acceso a vivienda, independencia alimentaria con un necesario apoyo a la agricultura, la lucha contra violencia hacia la mujer y la equidad de género, desarrollo de la industria y la tecnología nacional, lucha real contra las mafias y corrupción, entre otros. Por eso se vuelve imperativo su estructuración abierta y masiva.

Además, las fuerzas del cambio estamos divididas por el tema electoral, pero tenemos en frente  una oportunidad de luchar en unidad por regeneración moral y cambios profundos. Nuestro mensaje es unidad de acción buscando elevar el nivel político y de conciencia de nuestra gente.

En las calles, en las redes, en todos lados la ciudadanía se sigue preguntando ¿qué podemos hacer ahora? La experiencia histórica y, la última de nuestros países vecinos, pone como tema clave y determinante: La organización.

Si recordamos en años recientes las luchas juveniles contra la Ley Pulpin, esta podría replicarse a escala mayor con estudiantes, colegios profesionales, sindicatos, organizaciones vecinas, rondas campesinas y todas y todos los que quieran sumarse a la verdadera. Por eso el mensaje de hoy es llamar a la resistencia ciudadana y popular.

Las acciones claves son identificar una agenda común, la auto convocatoria de asambleas distritales, sectoriales (virtuales y directas) y así, desde abajo, empezar a discutir los temas transversales, de interés común y volver aprender el valor de la organización.

Finalmente, con espíritu abierto, ánimo constructivo, amplitud de miras, inclusivo con todas y todos, iniciemos el camino de la transformación de nuestra patria, con un proyecto nacional de desarrollo, una Nueva Constitución y la refundación de la República.