A 100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE. EL OTRO MUNDIAL QUE SE JUGÓ EN RUSIA

Por: Luis Gárate

Los que lean esta columna se preguntaran de qué otro mundial estoy hablando, pues no me refiero a otro evento futbolístico o deportivo, sino al centenario que este año se cumple de la Revolución Rusa que a comienzos del siglo veinte dio inicio a la experiencia soviética.

Otros se preguntarán porque después de tanto tiempo somos muchos los que recordamos y reivindicamos la vigencia de esa revolución a cien años de ocurrido ese acontecimiento. Es que en 1917 realmente se jugó otro mundial, un hecho más bien político que si bien se dio en un país, tuvo impresionantes repercusiones globales, como un desencadenante de otros procesos revolucionarios que dieron forma al mundo del siglo XX y el XXI.

Para el pensamiento hegemónico, es decir, lo que aparece como el sentido común, dicha revolución solo representa un modelo superado, una proyecto utópico que -en el lenguaje de las derechas- busco construir una sociedad que supere al capitalismo, desde una visión igualitarista y autoritaria que simplemente no funcionó.

Pero no es casual que 100 años después de ocurrida la Revolución de octubre, tras la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética, este hecho histórico concite aún tanto interés, abra tantos debates y veamos los estantes de las librerías llenos de publicaciones que se escriben y se reediten sobre este tema, en especial de autores adversos a las ideas socialistas y revolucionarias que inspiraron a aquel Octubre rojo.

La Revolución bolchevique fue mucho más que una mecánica confirmación científica del marxismo-leninismo, fue a juicio de muchos estudiosos y a la luz de los hechos históricos, el resultado de la habilidad política y genialidad de los conductores revolucionarios, y en especial de los leninistas del Partido Bolchevique para comprender el momento y capturar el poder en medio del caos tras el derrocamiento del zarismo ruso, para iniciar la construcción de un nuevo tipo de estado.

Aunque la Revolución rusa nos traiga a algunos ciertas nostalgias o nos lleve a veces a cierto ritualismo del recuerdo fundacional, creo que debe significar el punto de partida para una reflexión mucho más crítica y creativa. Ante todo porque no podemos replicar a Vladimir Lenin, a los bolcheviques o al estado soviético en el siglo XXI. Creo que debemos ver el pasado para sacar lecciones que nos sirvan para el presente. Estos tiempos en que vivimos de fracaso de la promesa globalizadora, de incertidumbres, de posmodernismo, donde se desdibuja la política tradicional, de una revolución tecnológica que cada vez más está alterando las relaciones sociales y la misma naturaleza del capitalismo global, nos debe hacer reevaluar nuestro concepto de radicalidad y revolución para el siglo XXI.

Algunas de esas lecciones que podemos tomar en cuenta es la importancia de contar con un partido orientado por una teoría revolucionaria clara, organizado con cuadros a tiempo completo, que construya una relación con sujetos sociales organizados. Asimismo la importancia de la habilidad y flexibilidad táctica para leer el momento y la coyuntura, así como darle la importancia debida a la prensa y la propaganda revolucionaria para llegar a las mayorías, utilizando los medios al alcance pero más efectivos de su época. Otra idea muy importante que los bolcheviques entendieron en su momento fue la importancia de sus vínculos internacionales para sostener su proceso, pues en medio de un asedio de otras potencias se requería de la solidaridad internacional y de alentar los esfuerzos revolucionarios a nivel mundial.

Estas son solo algunas de muchas otras lecciones para los que vemos aún en la Revolución de octubre un parte aguas de la historia, y un ejemplo para los que  creemos que la transformación social es posible y necesaria, pero adaptada a los nuevos tiempos, para afrontar las nuevas formas que ha adquirido la hegemonía del capital y que se expresa en nuevas expresiones de la lucha de clases. A 100 años de ese octubre, los que nos identificamos con sus motivaciones, sus principios, sus anhelos debemos recrearnos y jugarnos un nuevo partido que solo podrá ser victorioso si lo entendemos como parte de una lucha que trasciende las fronteras locales, siendo un juego cada vez más vinculado a las ligas mundiales.