2018: CRISIS Y REALINEAMIENTOS POLÍTICOS

Por: Manuel Guerra

El trapicheo que salvó de la vacancia a PPK a cambio del indulto a Alberto Fujimori ha conmocionado al país, originando movilización social, contradicciones y realineamientos políticos de diversas formas y contenidos. Las fisuras dentro del fujimorismo, el partido de gobierno, el Apra, AP y sectores de la izquierda, no son poca cosa, fenómeno que se extiende al ámbito de la intelectualidad, el periodismo, el conjunto de la sociedad y que tiene repercusiones internacionales. Cada quien, a su modo, hace una lectura de los acontecimientos e imagina el escenario que se configurará en adelante. Aquí nuestro punto de vista.

  1. El episodio que empieza con el pedido de vacancia presidencial en el Parlamento por parte del Frente Amplio y que culmina con el indulto otorgado por PPK al genocida Alberto Fujimori, es parte de un escenario mayor, resultado del agotamiento del modelo neoliberal que subordina el Estado al mercado, de la descomposición moral sustentada en los antivalores que encarna, la consiguiente degradación de la política, todo lo cual abona el terreno para que se extienda, incontrolable, la corrupción, la criminalidad, el narcotráfico. La crisis del Estado e instituciones, incluyendo a los partidos políticos, está provocada por la acción de las fuerzas disgregadoras del neoliberalismo. La corruptela de Odebrecht, en la que empresarios y gobernantes se confabularon para delinquir, es el factor demostrativo de esta podredumbre. Al no haberse resuelto estos factores de fondo la crisis seguirá manifestándose de una u otra manera.
  2. La derecha, en sus diversos matices, no ve las cosas de esta forma. Explican la actual crisis política a partir de los comportamientos individuales o de grupo. A sus sectores más democráticos y liberales les desagrada profundamente el grado de corrupción al que se ha llegado, como les desagrada también el citado indulto, el arrinconamiento de PPK por el fujimorismo y la posibilidad que el país se enrumbe hacia el autoritarismo, conforme sucedió en los 90 del siglo pasado. Pero no ven, o no quieren ver, el cordón umbilical que une este episodio con el modelo y su combo. Por ello, salvo determinadas excepciones, su defensa cerrada del “orden constitucional”, pasando por alto que la Constitución que defienden es la madre del cordero, fruto del golpe de Estado que consumó el repudiado e indultado Fujimori.
  3. En las filas de la izquierda, asimismo, se producen realineamientos. Marco Arana, líder del Frente Amplio, ha demostrado que no está para ligas mayores. Su estrechez, disfrazada de radicalismo, lo llevó a perder independencia política y ser instrumentalizado por el fujimorismo. Tampoco la bancada de Nuevo Perú salió bien librada con la retirada que contribuyó a salvarle el pellejo a PPK; involuntariamente y sin ser responsables de los cambalaches presidenciales, no se salvan de las críticas de determinados sectores, especialmente de la artillería pesada que les cae desde el FA. Lo cierto es que la izquierda, parlamentaria y no parlamentaria, careció de la fuerza necesaria para imponer una dinámica propia, independiente, apostando por una salida que incluyera nuevas elecciones y asamblea constituyente para proceder al cambio de modelo y una nueva república.
  4. La calle ha irrumpido con fuerza en el escenario. La indignación ciudadana frente a los acontecimientos se expresó masivamente en las marchas del 21, 25 y 28 de diciembre, anticipando nuevas y más contundentes jornadas de lucha. En esta, como en oportunidades anteriores, los colectivos compuestos por amplias masas juveniles vienen jugando un rol protagónico. Su limitación consiste en que se trata de un movimiento espontáneo, sin claridad de objetivos ni el camino a seguir. Carente de propuestas unificadoras domina la diversidad de consignas, sobresaliendo aquella de “Que se vayan todos”. Su indignación, entusiasmo, creatividad, capacidad de movilización están sesgados por un fuerte apoliticismo, rechazo a los partidos (incluyendo a los de izquierda) y a todo lo que tenga que ver con la política. La participación de las organizaciones gremiales, frentes de defensa y partidos de izquierda le da amplitud y fortaleza a este movimiento, a la vez que se generan contradicciones, disputas por la hegemonía y hasta por qué sectores encabezan las marchas o definen sus itinerarios. En las regiones del interior esta situación es un tanto distinta, pues en muchas de ellas las luchas están canalizadas por los frentes de defensa o comandos de lucha unitarios.
  5. De este proceso el gobierno de PPK sale debilitado y con pocas posibilidades de culminar su mandato. Subordinado totalmente al fujimorismo PPK será un fantoche con cero credibilidad. El fujimorismo, el gran triunfador de este tejemaneje, deberá procesar sus contradicciones internas, de lo contrario tendremos una división a la vista, lo que comprometerá sus posibilidades hacia el 2021.
  6. La marea de Odebrecht seguirá golpeando fuerte a los más conspicuos representantes de los gobiernos que se han sucedido desde los años 90, con lo cual las cartas de la derecha neoliberal, o bien estarán imposibilitadas legalmente, o bien estarán melladas para presentar batalla electoral en el marco del bicentenario de fundada la república. Hasta hoy el fujimorismo representa su mejor opción, pero con flancos muy vulnerables que pueden afectar el desempeño esperado. En tal caso, es presumible que los estrategas neoliberales estén preparando un gallo de tapada.
  7. En tales condiciones se abre una extraordinaria oportunidad para que la izquierda y el progresismo puedan avanzar a jugar un rol protagónico en el desenlace de esta crisis, para lo cual es preciso ganar la correlación de fuerzas exigiendo convocatoria a nuevas elecciones, asamblea constituyente, nueva república y gobierno democrático, patriótico, de regeneración moral. Todo va a depender de su capacidad para unificarse, influir sobre los grandes sectores de la población, especialmente en las masas juveniles y también en los sectores democráticos y liberales de la derecha, tener la fuerza para disputar el escenario en condiciones complejas de agudización de la lucha de clases.
  8. De las organizaciones de izquierda, Juntos por el Perú está en el presente en mejores condiciones para convertirse en el factor aglutinante de los que apuestan por el cambio democrático y patriótico y le corresponde actuar con iniciativa y audacia en esta coyuntura en la que los acontecimientos se desarrollan a velocidad vertiginosa. Es deseable que el Frente Amplio y Nuevo Perú formen parte de esta coalición, pero eso va a depender de la evaluación objetiva y madurez que deben tener tales agrupaciones. Por su parte, un sector “radical” encabezado por Gregorio Santos, Vladimir Cerrón y Walter Aduviri vienen trabajando su propia confluencia, convencidos de canalizar el descontento popular a las posiciones que esgrimen. Su problema es que ni Cerrón ni Aduviri tienen espacio político significativo, en tanto Gregorio Santos arrastra la amenaza de condena nada menos que por casos de corrupción. Santos, que no tiene ideas propias y gusta de apropiarse de las propuestas de su ex partido, Patria Roja, tiene, asimismo, que afrontar el reto político de las elecciones regionales en Cajamarca, cuyo gobierno regional, a cargo de sus partidarios, está cada vez más desprestigiado. Una derrota en Cajamarca será un golpe de muerte en sus pretensiones hacia el 2021.
  9. El 2018 será un año complicado para los peruanos; el país está inmerso en un proceso inconcluso de batallas políticas y realineamientos, en el que aún no sabemos cuál será el desenlace. Lo seguro es que la derecha neoliberal hará todo lo posible, incluyendo una salida autoritaria y golpista, para arrinconar a los sectores que apuestan por el cambio y derrotar al movimiento popular para mantener el modelo y la Constitución que lo sustenta. Pero también es posible darle vuelta a la tortilla y abrir un nuevo rumbo al país. En esta disputa resulta vital la participación de los más amplios sectores de la población, la movilización y protesta callejera junto a la lucha de ideas. Podemos ganar esta batalla, manos a la obra.