Por: Arturo Ayala

La invasión a América Latina reconfiguró la historia universal. El saqueo, la apropiación de los recursos minerales y el arrebato de tierras que pertenecían a los pueblos originarios generaron una gran acumulación de riqueza para las naciones colonizadoras. La plata y oro de los andes sirvieron para el comercio de Europa y Asia. Solo la mina de Potosí aportó a la corona española el equivalente de 50 mil millones de dólares. Este desarrollo y acumulación capitalista terminó por hacer convulsionar Europa y dio fin al feudalismo. “Atizando con ello el elemento revolucionario que se escondía en el seno de la sociedad feudal en descomposición”, dirían Marx y Engels en el Manifiesto Comunista.

Mientras, en la que es hoy América Latina se mantuvo el régimen más cruento de dominación y no solo en el plano militar. Aníbal Quijano señala que a partir del ingreso de los invasores en estas tierras se anularon las diferencias entre etnias y culturas locales, estas pasaron a ser homogenizadas con el adjetivo de “indios”. Las religiones locales, que incluso el incario había mantenido o absorbido, fueron reemplazadas por el culto occidental. Sobre sus templos se construyeron iglesias en claro mensaje de superioridad y jerarquía. La ciencia de estas tierras fue relegada a brujería, su desarrollo en medicina, arquitectura, manejo hidráulico, agricultura, astronomía, fue cancelado y oculto bajo la premisa de la superioridad epistemológica de los colonizadores.

La colonialidad continúa hasta nuestros días. La raza como elemento diferenciador de jerarquía entre colonizadores y colonizados se mantiene. El racismo atraviesa nuestra sociedad con contundencia; el patrimonialismo colonial como antecedente de la corrupción actual; el centralismo que mantiene en abandono y a merced del caudillismo a distintos territorios de nuestro país; el eurocentrismo que menosprecia los saberes y conocimientos del ande y la Amazonía, entre otros. No es posible una refundación de la república si no hacemos un corte en el sentido común colonial. El colonialismo es una de las herramientas ideológicas del capitalismo. La reivindicación de los referentes colonizadores es el ejercicio de la ideología de los sectores históricamente dominantes. Comparar el accionar colonial con el de las culturas previas, como la incaica, no tiene sentido. La disputa de distintas culturas en el marco de un mismo sistema-mundo mantenía el desarrollo de los conocimientos locales, las religiones, la economía e incluso la política. Lo que vino con la colonia fue la cancelación de este sistema-mundo andino y nuestra absorción a un sistema-mundo distinto, tomando el concepto de Immanuel Wallerstein.

Esta valoración no guarda elementos de revanchismo o subjetividad, sino, trata de analizar las consecuencias civilizatorias de la invasión a América y su vigencia hasta nuestros días. En resumen, entendemos la invasión a estas tierras como el punto inicial de una gran acumulación originaria que permitió el posterior desarrollo capitalista europeo, proceso que se dio en el marco de acciones militares, genocidio, imposición ideológica y cultural, aniquilación epistemológica y muchas otras expresiones de dominación. En efecto, tenemos mucho por analizar y nada que celebrar.